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¿Podemos ser racionales durante la pandemia?

Por Pedro Del Carpio para El Comercio (Perú)


Imagen de artículo en diario El Comercio


Todos hemos sido testigos -y tal vez hemos participado- de situaciones que ponen en riesgo los esfuerzos por controlar la pandemia, como usar incorrectamente la mascarilla, siendo parte de aglomeraciones en mercados y centros comerciales o participando de eventos sociales. Incluso algunos han llegado a asistir a fiestas y cantinas clandestinas.


Al observar estos hechos podemos saltar a cuestionar su racionalidad. Después de todo, ¿por qué alguien se arriesgaría a contagiarse y también a sus seres cercanos?


La respuesta no es sencilla. Sin embargo, conocer la complejidad y matices detrás de este problema es esencial para diseñar políticas públicas con mayores oportunidades de éxito. Exploremos algunas ideas.


Una persona estrictamente "racional" es quien decide evaluando las consecuencias de las distintas alternativas y la probabilidad de que ocurra cada una de ellas. A partir de ese cálculo elige la opción que finalmente ofrezca el mayor beneficio.


Pero en la vida cotidiana es poco común que sigamos dicho proceso racional de manera deliberada. En cambio, usamos atajos mentales -o reglas de decisión sencillas- que son generalmente suficientes para lograr nuestros objetivos. Por ejemplo, si en un restaurante nos debatimos entre varias opciones, una buena táctica es simplemente tomar la recomendación de la persona que nos atiende.


No obstante, en algunos contextos, los atajos mentales nos pueden llevar a tomar decisiones equivocadas. Las ciencias del comportamiento sugieren la presencia de distintos fenómenos psicológicos que podrían explicar nuestras acciones de riesgo durante la pandemia. Planteemos tres:


  1. Debido al sesgo del optimismo las personas tendemos a subestimar la probabilidad de que nos ocurran eventos negativos. Por ello, podemos dejar de tomar precauciones con la idea de que "a nosotros no nos pasará", aunque no tengamos razones estadísticas para pensarlo.

  2. Así como sucede con las modas, bajo el efecto de arrastre, al ver que la mayoría de personas comparte una opinión o preferencia -en este caso respecto a qué tan aceptable es una conducta-, será más probable que nosotros también la adoptemos; esto sin necesidad de incurrir en mayores cuestionamientos. Nunca olvidemos la gran necesidad psicológica que tenemos por encajar en el grupo. Por ejemplo, si en un lugar notamos que la mayoría está incumpliendo el uso de mascarillas o la distancia mínima segura, esta observación podría ser suficiente para validar el comportamiento y, quizá, imitarlo.

  3. Cuanto más grande es el grupo en el que nos encontramos, es más probable que esperemos sea otro quien tome la iniciativa de una conducta correcta, debido al efecto de difusión de nuestro sentido de responsabilidad en los demás. Por ejemplo, si nos encontramos en una aglomeración de personas y consideramos necesario pedir al grupo que tome distancia, lo más probable es que esperemos sea otro quien actúe. Y por ello, tal vez nadie lo haga.


Detener nuestro análisis en este punto es peligroso, porque podría invitarnos a encasillar todo comportamiento riesgoso como irracional. No es tan simple. Como dice el gran mercadólogo Rory Sutherland: "Nunca llames irracional a un comportamiento, hasta que realmente sepas lo que la persona está intentando hacer".


Quizá los que actúan de manera riesgosa durante la pandemia hayan realizado un cálculo intuitivo que, sobre la base de la información que manejan y la realidad que viven, efectivamente considera las consecuencias y probabilidades de las alternativas. Como hemos visto, bajo este supuesto sus acciones serían normativamente correctas.


Sin embargo, es evidente que esta última posibilidad tiene un claro límite ético. En comunidad también debemos evitar afectar el bienestar de los demás. Especialmente en escenarios como el actual.


Por toda esta inevitable complejidad, cualquier esfuerzo público o privado que busque influir en el comportamiento de las personas, tiene la necesidad de construirse en base a un profundo conocimiento de nuestro proceso de toma de decisiones. Sean estas "racionales" o no.



 

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