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Rompiendo con el tiempo y el espacio

Cómo tomar mejores decisiones en situaciones de incertidumbre (Parte 3)

Por Pedro Del Carpio.


En el primer artículo de la serie, señalamos que el mejorar nuestro proceso de toma de decisiones usando el método de la Utilidad Subjetiva Esperada (USE) requiere que identifiquemos los cursos de acción que podemos tomar, los resultados y sus probabilidades, y estimar el nivel de (in)satisfacción de sus consecuencias (la utilidad). En teoría, una vez que estos elementos han sido adecuadamente establecidos, la USE ofrece una respuesta directa (Figura 1).


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Figura 1: Ejemplo extraído del primer artículo de la serie, el cual muestra la matriz que ilustra la interacción entre los elementos en el método de la Utilidad Subjetiva Esperada para la toma de decisiones. En este caso, la opción “Renunciar a tu trabajo” es el curso de acción que te dará más utilidad o satisfacción.

Habiendo dicho eso, si ya has intentado poner este método en práctica, probablemente encontraste que está lejos de ser una tarea ligera. Aunque el conocimiento aritmético necesario para los cálculos requeridos es bastante básico, el estimar valores confiables de los elementos previamente mencionados es en muchos casos un trabajo bastante retador.


Para facilitar este proceso, hasta el momento hemos sugerido el emplear data externa para ajustar nuestras predicciones usando la vista desde afuera y actualizar nuestra estimación de probabilidades a través del Teorema de Bayes. Si son correctamente aplicados, pueden reducir de manera significativa el nivel de incertidumbre del caso que tengamos bajo consideración.


Continuando con este objetivo, este capítulo de la serie Cómo tomar mejores decisiones en situaciones de incertidumbre desarrollará dos poderosas ayudas para la toma de decisiones. Primero, exploraremos la manera en la que el pensar que algo ya ha pasado y falló nos puede ayudar a revelar cursos de acción alternativos. Luego mostraremos cómo el usar la vida de otras personas nos permite obtener insights sobre la futura deseabilidad de las consecuencias de nuestras acciones.


Premortem: Explicando el futuro pasado


Probablemente estás familiarizado con el concepto de un postmortem, el análisis de un cadáver para determinar su causa de muerte.

Este concepto también es usado en áreas relacionadas al manejo de riesgo, como el militar o en el mundo de los negocios, donde un postmortem es realizado para explicar el porqué un evento fue exitoso o fracasó. Este procedimiento ha demostrado ser útil cuando se intenta aprender del pasado y mejorar futuras decisiones.


El psicólogo Gary Klein sugiere ir un paso más allá y aplicar lo que él llama el método premortem [1]. Un premortem nos lleva hacia el futuro — cambiando la dirección de la lógica anterior — explotando nuestras capacidades cognitivas para hacernos imaginar que el evento ya ocurrió y explicar por qué falló. A diferencia de un postmortem, el cual es ejecutado luego de que el resultado de una decisión ha ocurrido, el premortem se realiza antes de que se haga cualquier compromiso, permitiéndonos reducir la posibilidad de ocurrencia de un punto ciego en nuestro pronóstico que pueda llevarnos a tomar una costosa acción.



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Foto por Andalucía Andaluía en Unsplash

El acto de explicar futuros eventos como si ya hubieran ocurrido es llamado prospectiva retrospectiva (Figure 2) y es facilitado por nuestra tendencia natural a elaborar cadenas causales para escenarios pasados. Este punto es clave. Investigaciones han mostrado que con la ventaja de conocer el resultado, las personas son propensas a encontrar eventos inicialmente imprevisibles como pronosticables e inevitables [2]. Bajo este estado mental, los humanos tenemos mucha confianza en las explicaciones que hacemos a posteriori, cayendo en una ilusión de entendimiento del pasado conocida como el efecto “lo supe desde siempre”. De manera interesante, con el método del premortem este fenómeno llamado sesgo retrospectivo [3] puede convertirse en una útil herramienta.


Cuando nuestra meta es el conocer las posibles consecuencias de una acción, el imaginar que ya ocurrió y que tuvo una resultado negativo, nos obliga a ver sus inconvenientes en retrospectiva; y por lo tanto, se vuelven más evidentes que cuando tratamos de imaginar lo que podría pasar en una situación que todavía no ha ocurrido. Como parte de su pionera investigación, Michel et.al [4] concluyen que “una perspectiva hacia atrás del resultado para transmitir su certeza debería generar más información sobre los eventos que podrían, ciertamente llevar a éste” (p.36).



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Figura 2. Mecanismo de la prospectiva retrospectiva

Así, este ejercicio nos permite ver con más claridad potenciales consecuencias previamente ignoradas y reduce las chances de las altamente probables estimaciones excesivamente confiadas. Por ejemplo, supón que estás de regreso a una situación en la que tienes que decidir el camino a seguir luego de terminar la secundaria. El conjunto estándar de posibles cursos de acción es:


a) Elegir una carrera que me apasiona.

b) Escoger una que es menos interesante pero es bien remunerada.


Sin embargo, aún podemos descubrir razonables cursos de acción adicionales usando el método premortem. Para ello, tienes que imaginar que ya terminaste tus estudios, empezaste tu carrera profesional y las cosas salieron terriblemente mal. Luego determina las causas que hicieron esta elección un fracaso.


Algunas de tus respuestas podrían verse así:


“Realmente no estaba seguro sobre lo que quería”.


o


“No puse todo el esfuerzo requerido porque no me gustaba trabajar en ese campo”.


Este ejercicio de prospectiva retrospectiva nos permite generar cursos de acción adicionales. Una nueva alternativa que podría contemplarse al tomar una decisión con el método USE es “Posponer mis estudios y ganar experiencia laboral para explorar lo que me gusta”. El considerar esta posibilidad adicional puede reducir la probabilidad de que el caso que tenemos entre manos fracase.


Por lo tanto, el viajar mentalmente a través del tiempo para identificar cursos de acción alternativos nos permite ver más allá de las opciones evidentes (frecuentemente incompletas y propensas a sesgos), modificar la dirección de nuestro planes de ser necesario, y moderar cualquier estimación demasiado optimista.


Sustituyendo: Ponte en los zapatos del otro


Para tomar decisiones debemos estimar cómo nos vamos a sentir — qué tan satisfecho o insatisfecho — sobre las consecuencias de eventos que aún no han ocurrido. En términos económicos, debemos prever la utilidad que obtendremos de nuestras acciones. Este proceso se nos hace natural: usamos nuestra imaginación para simular cómo será el futuro y asumimos que las emociones que anticipamos son una excelente aproximación de lo que realmente va a pasar.


Aunque esta estimación es en muchas ocasiones suficiente para poder tomar decisiones mundanas y rutinarias, en muchas situaciones puede llevar a errores significativos. En una gran cantidad de circunstancias nos equivocamos al juzgar cómo nos vamos a sentir cuando tengamos lo que creemos que deseamos. Rápidamente recuerda, ¿cuántas veces has tomado una decisión, solo para terminar sintiéndote sorpresivamente desilusionado cuando obtuviste lo que querías?


Esta limitación cognitiva se debe al hecho que nuestras mentes inevitablemente construyen una imagen de un deformado futuro cargado de agregados y sustracciones. En su libro best-seller Tropezar con la felicidad, el psicólogo Daniel Gilbert sugiere las siguientes razones:

  • Nos equivocamos al recordar nuestras emociones asociadas a eventos pasados, por lo tanto fallamos al recordar con exactitud cómo nos sentiríamos si estos eventos volvieran a ocurrir.

  • Nos imaginamos un futuro que solo puede ocurrir como lo prevemos, sin darnos cuenta que estamos pasando por alto otras posibilidades relevantes.

  • Nuestro actual estado emocional influye profundamente en cómo pensamos y sentimos sobre el futuro. Cuando las circunstancias actuales cambian, tendemos también a cambiar nuestros pronósticos.

  • Nuestras habilidades de pronóstico ignoran que las cosas van a verse y sentirse diferente una vez que ocurran.

Para superar esta limitación, en lugar de simplemente contar con una intuitiva predicción de futuras emociones cuando queremos decidir qué camino es más atractivo, Gilbert propone el emplear el método de sustitución, el cual implica usar las experiencias de personas que han vivido o están viviendo el escenario que estamos considerando.


Los humanos tenemos el lujo de adquirir data al aprovechar el conocimiento y emociones de otros, evitando la necesidad de gastar todos nuestros recursos en aprendizaje del tipo ensayo y error. Para saber si vas a disfrutar algo, no tienes que realmente cambiar la marca del auto que manejas, mudarte al barrio de moda de tu ciudad o empezar a vivir como un nómada digital. Podemos usar lo que otras personas que están viviendo la experiencia tienen que decir, dándonos acceso a información más precisa y completa de la que nuestra imaginación es capaz de producir.


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Foto por Rob Curran en Unsplash

La ejecución básica de este enfoque es bastante conocida. Al enfrentar esta clase de dilemas primero tendemos a preguntar a nuestra familia, amigos o conocidos sobre sus opiniones, la cual es una adecuada solución elemental. Sin embargo, la gran limitación de esta táctica es que como individuos, ellos también sufren de sesgos cognitivos y limitaciones de memoria. Adicionalmente no es poco común el recibir información moldeada para confirmar nuestras creencias anteriores y hacernos sentir bien, independientemente si es o no bueno para nosotros.


Por lo tanto, cada vez que sea posible, busca la opinión de competentes terceras fuentes, tales como expertos y personas que en realidad han vivido la experiencia y no tienen lazos personales contigo. La ventaja de aprender vicariamente no es anecdótica. Investigaciones han mostrado que la estimación de futura felicidad basada en el reporte de una persona selecciona al azar quién ya ha vivido la experiencia (sustituyendo) es más precisa que el ampararse en nuestras predicciones (simulando) [6].


Afortunadamente el internet ha facilitado dramáticamente el proceso de sustitución, permitiéndonos directamente aprender de sujetos quienes ya han probado lo que creemos desear. Con unos cuantos clicks, websites de reseñas como TripAdvisor, Yelp o Amazon nos muestran las opiniones y calificaciones dadas por miles de clientes ávidos de compartir sus experiencias con hoteles, restaurantes, lugares o productos. Algunos cálculos estiman que el 77% de las personas leen reseñas en línea antes de hacer una compra, y 9 de 10 personas piensan que la reseñas son tan importantes como las recomendaciones personales. Aquí, apoyados por la ley de los grandes números [7] podemos estar seguros que contra más reseñas tenga un producto o lugar, estaremos más cerca a un genuino vistazo de lo que nuestras opiniones y sentimientos serán si llegamos a tener la misma experiencia.


Otra excelente fuente para la sustitución es Quora, el sitio web del tipo preguntas y respuestas donde toda clase de temas son preguntados, respondidos y organizados por sus miembros ¿Quieres saber si vale la pena ser rico?, si ¿es retirarse muy temprano (a los 30’s) gratificante? o ¿cómo es el renunciar a tu trabajo y viajar por el mundo? Pruébalo. Aunque el exponernos a esta información no nos puede decir qué hacer, ciertamente extenderá el rango de nuestro repertorio emocional al acceder al mundo interno de gente que “ha estado ahí”, con el producto adicional de mejorar nuestro proceso de toma de decisiones.


El artículo en un párrafo


El artículo explicó dos maneras con las cuales podemos reducir las limitaciones que enfrentamos al usar el método de la Utilidad Subjetiva Esperada para la toma de decisiones. El análisis premortem nos permite generar cursos de acción alternativos vía el ejercicio de la prospectiva retrospectiva. Con el enfoque de Sustitución, usamos la experiencia de otros para mejorar la estimación de nuestros sentimientos sobre las consecuencias de futuros eventos.


Notas


[i] Porque siempre existe la posibilidad que los estados del mundo cambien debido a los efectos del tiempo, independientemente de si empleamos correctamente el USE, podemos tomar decisiones que nos lleven a consecuencias indeseables. Incluso con el USE es imposible controlar los caprichos del destino.


Referencias



[2] Hindsight Bias from 3 to 95 Years of Age por Bernstein, Erdfelderm, Meltzoff, Peria y Loftus


[3] Hindsight Bias por Roese and Vohs



[5] Tropezar con la felicidad por Daniel Gilbert


[6] Surrogation: An Antidote for Errors in Affective Forecasting por R. J. Norwick, D. T. Gilbert, y T. D. Wilson (manuscrito no publicado, Harvard University, 2005).


[7] La ley de los grandes números vía Enciclopedia Británica





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